Sinceramente, de todo corazón, gracias




Yo, como el resto de las personas, he tenido experiencias buenas y experiencias no tan buenas.
No hace mucho salí de una de las peores experiencias de mi vida. No voy a entrar en detalles de aquellos horribles años que sin lugar a dudas me han marcado para siempre.
Pero sí quiero deciros que aprendí a ser más fuerte. Mi carácter frágil y delicado de antaño se fortaleció y ahora soy el resultado de ese proceso de transformación.
A pesar de que fueron tres largos años de sufrimiento y desdicha tengo que reconocer que aprendí mucho de ellos.
Ahora, desde la lejanía, he comprendido que esos años tenían que estar ahí para mí. Que tenía que vivirlos por algo y para algo. Y ciertamente es así...
Al principio maldije de ellos cada noche y agriaron mi carácter cada mañana.
La venganza y el orgullo estaban presentes cada minuto.
Un día tras otro conseguían aplastarme como una pesada y fría losa.
Pero llegó el día en que todo cambió.
Fui capaz de comprender que la venganza es la firma de los más débiles.
Que el perdón fortalece y nos hace más nobles.
Hoy es el día que veo al autor de aquellos imborrables años y no produce en mí esos nefastos sentimientos de ira, dolor y rabia.
Hoy le doy las gracias por haberme enseñado a ser mejor persona, a no depender de nadie, a vivir plenamente cada día y a no olvidar jamás que nadie es más que nadie.
Ahora en mí alberga la absoluta ignorancia hacía su persona y su  simple figura no produce ningún sentimiento, ni bueno ni malo. 
La inteligencia de ignorar a la persona que me causó tanto mal se ha instalado en mi vida para siempre. Y los recuerdos que alguna vez vuelven a mi cabeza como una gélida brisa son sabiamente ignorados por la cálida madurez de la experiencia.
Sinceramente, de todo corazón, gracias.










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